09 mayo 2009

Las palabras dicen mucho pero el testimonio arrastra


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Esta frase popular sobre el testimonio, nos cuestiona profundamente a todos los que pretendemos llevar nuestra vida en el seguimiento de Cristo.
Precisamente esta semana que brotaba el escándalo mediático por fotografías y declaraciones del padre Aleberto Cuitié, famoso sacerdote en Estados Unidos y todo Latinoamérica, nos remueve el sentido de la frase, pues palabras se pueden decir muchas, pero si el testimonio no es coherente el discurso se desvanece; mientras que el discurso acompañado de un buen testimonio, convence y arrastra. A la luz de la Palabra de este quinto domingo de pascua, profundizemos esta idea y descubramos cual es el secreto para poder lograrlo.
Textos bíblicos de este domingo:
>Hech 9,26-31.
>Sal 21,26-32.
>1Jn 3,18-24.
>Juan 15,1-8.

La primera lectura nos presenta la figura de Pablo quien llega a Jerusalén después de su conversión, pero se encuentra con la duda y desconfianza de los cristianos. Situación muy entendible si partimos de quien era Pablo y como había procedido contra los cristianos, podríamos decir que los hechos le precedían su mala fama. Es el testimonio de Bernabé y el del mismo Pablo en el compartir cotiadiano con ellos, lo que va cambiando la impresión y gestando la aceptación. Y cosa curiosa en los judíos que antes lo aceptaban y valoraban ahora es donde surje el deseo de suprimirlo.
Este punto de ser aceptado o no es algo siempre difícil de entender en su doble perspectiva:
-El drama que viven los no aceptados:
>La madre soltera que se equivocó en sus sentimientos y desiciones y ahora no encuentra apoyo ni consideración familiar y social.
>El privado de libertad, que asume su culpa, paga su condena, pero no encuentra una nueva oportunidad para regenerarse y empezar de nuevo.
>El que ha caído esclavo de sus vicios, llámese alcohol u otras drogas, que quiere luchar pero ya no tiene la credibilidad ni la confianza de nadie.
>El infiel o adúltero que traicionó el amor y que aunque se arrepiente, ya no le dan una nueva oportunidad.
-Del otro lado tampoco es fácil perdonar y abrir el corazón a una nueva oportunidad en:
>Los padres de familia que se sienten decepcionados por las malas desiciones y consecuencias de sus hijos.
>Los conyugues heridos por la traición y el desencanto, experimentando así la muerte de sus ilusiones.
>Los hijos marcados por duros episodios familiares, que lastimaron sus razones de respeto y consideración.
nadie está excento de fallar; yo no soy quien para juzgar al que ha fallado; debo en la fuerza del amor de Dios saber perdonar y dar una oportunidad a quien realmente la busca y se esfuerza por aprovecharla. Conste que intencionalmente no incluyo en la lista a los que dicen o prometen cambios superficiales, pero sus acciones comprueban su falsedad o hipocresía. en estos casos la oportunidad reiterada se vuelve alcahuetería o ser cómplice de sus mismos errores.
¿Cómo poder pensar en el amor que perdone y me permita darme o dar a otros una nueva oportunidad? o ¿Cómo tratar de evitar ese doble discurso en mi vida que escandaliza a los demás? La respuesta nos la da San Juan en la segunda lectura y el Evangelio de hoy.
El apóstol nos invita a la vivencia de un amor no de palabras sino de verdad. Un amor sincero y verdadero, no busca la traición, ni el engaño, no busca lo que hace daño o provoca el sufrimiento, no busca solo su placer o felicidad egoísta. Para poder medir el potencial de nuestro amor, hacia nosotros mismos o los demás, hemos de evaluarlo en el amor de Dios, el que él mismo nos reveló y manifestó plenamente en Jesucristo, quien nos amó hasta el extremo pues murió y resucitó por nosotros. Si guardamos sus mandamiento y hacemos lo que a él le agrada, viviremos en su amor.










La hermosa comparación de la vid y los sarmientos es la figura bíblica que más nos representa esta íntima unión entre Dios y nosotros. Cuando estaba en Costa Rica siempre comparaba esto con la mata de café y las bandolas, algo muy nuestro claro, donde quedaba claro que si una bandola se desgajaba de la mata, ya sus granos no eran buenos ni sabrosos. Aquí en España he podido ver los viñedos y comprobar como dice la Palabra, que el Padre es el viñador, Jesús la viña y nosotros sus sarmientos, si estamos pegados a él podremos dar muy buenos frutos, de buen testimonio
y de perdón que se vuelve oportunidad para los demás.
Tanto el cafetal como el viñedo necesitan ser podados, o sea se quitan las bandolas o sarmientos que no dan fruto, para que la plata de más fruto. Debemos entonces pedir al dueño de la viña, que pode en nosotros tantos obstáculos o limitaciones que nos dejan dar buenos frutos.
Entendamos que separados de la vid no daremos ningún fruto bueno y que si permanecemos unidos a él, daremos buenos y abundantes frutos para la Gloria del Padre.

Oración:
"JESUCRISTO TU ERES LA VID VERDADERA Y YO UN SARMIENTO QUE CHUPA DE TI LA VIDA. TE PIDO QUE PODES, CORTES, QUEMES, ENDERECES, REFUERCES Y DISPONGAS A TU GUSTO ESTE POBRE SARMIENTO, PARA QUE PUEDA DAR FRUTO DE VIDA ETERNA. ¡SIN TI NO PUEDO HACER NADA¡
OH MARÍA REINA DE LA VIÑA DEL SEÑOR, RUEGA POR NOSOTROS Y POR NUESTROS FRUTOS NO TAN BUENOS, QUE NO DAN EL MEJOR TESTIMONIO DE NUESTRA VIDA CRISTIANA.

Con el cariño de siempre. P. Daniel Vargas.



2 comentarios:

Higo dijo...

Demasiadas gracias por tus reflexiones !

Edda dijo...

Que bellas reflexiones Daniel, muchas gracias, y que Dios lo siga bendiciendo con tanta inspiracion y sabiduria para que cada dia tenga muchas cosas buenas que decirnos y que cantarnos..jijiji.